viernes, 11 de octubre de 2013

La suerte no se puede almacenar 
ROMY SCHNEIDER, IN MEMORIAM
 

Es muy probable que alguien que en este momento tenga menos de 30 años no sepa quien fue Romy Schneider. 
No basta que Almodóvar le dedicara “Todo sobre mi madre” (1999) o que François Ozon pusiera en un portarretrato su imagen en la casa donde transcurría “Ocho mujeres” (2001).
Muerta en 1982 luego de una carrera de casi 30 años en los que recorrió los más diversos géneros y trabajado con los más importantes directores de esa época,  sólo los cinéfilos mayorcitos la recordamos hoy.

Infancia complicada
Hija de padres actores, su destino de intérprete estaba casi asegurado antes de nacer. Especialmente porque su madre- un ser bastante terrible que fuera estrella de fama durante todo el nazismo- lo había dispuesto así.
El padre había abandonado a la familia tempranamente siguiendo a una amante- también actriz- en un hecho que marcará para siempre la vida de la entonces niña Rosemarie Albach- Retty, pues siempre adoró al padre y llevó una relación tormentosa con la madre.
Nacida el 23 de septiembre de 1938, Romy debuta en el cine a los 15 años en un pequeño papel secundario pero ya a los 17 es lanzada al estrellato al protagonizar “Sissi” (1955) a la que seguirán “Sissi emperatriz ( 1956) y “Sissi y su destino”(1957), una trilogía de tal éxito mundial que jamás logró separarse de ella. 
Eran historias empalagosamente almibaradas- que el público masivo adoraba- en las que todo transcurría en escenarios rococó y con vestuario de torta de merengue colorido adornada en exceso…
Tal fue el éxito que Walt Disney la coronó en “Disneylandia” como “la muchacha más bella del mundo” en una ceremonia kitch al gusto del creador de “Bambi” como es fácil de imaginar.
De todas formas semejante éxito no encegueció a la jovencita Romy quien con 19 años- luego de la tercera película como Sissi- tuvo muy claro que no iba a seguir haciendo secuelas por más que le ofrecieran verdaderas fortunas para la época y para la furia desencadenada de su bravía mamá quien como dato adicional exigió ( y obtuvo) un papel en toda la serie.

De princesita a actriz
Será un actor quien le descubrirá no sólo su rebeldía sino que también la revelará como una actriz de verdad, su gran amor,  Alain Delon. 
Juntos protagonizarán un idilio apasionado, salpimentado por sus actuaciones juntos en teatro (“Lástima que sea una puta” dirigidos por Visconti) y cine (“Cristina” de 1958). Eran dos seres bellos y luminosos a la vista del público pero cada uno escondía demonios internos que tarde o temprano iban a emerger.
Romy  comenzó entonces a filmar y filmar a un ritmo alucinante que era todo un desafío físico e interpretativo, “Katia” (1959), “Bocaccio 70” (1962), “El proceso” (1962) con su adorado Orson Welles, “¿Qué pasa Pussycat? (1965), “La piscina” (1969), “Las cosas de la vida” (1969), “La califa” (1970), “El asesinato de Trosky” (1972) y “Ludwig” (1972) donde interpretará, esta vez sin almíbar, a la Emperatriz Sissi  ahora dirigida por su amigo Luchino Visconti.
El romance con Delon llegó a su fin,  pero seguirán siendo amigos por siempre.
Filma en medio mundo, Francia, Estados Unidos , Inglaterra, Italia… es una estrella a nivel mundial. 
Con el director Claude Sautet se sintió especialmente agradecida y llegó a declarar que fue quien mejor la comprendió. Y Sautet a su vez dijo “para mi, ella era Mozart”.
La periodista argentina Moira Soto escribió una maravillosa nota en 2002 al cumplirse 20 años de su muerte bajo el titulo “Todo el bien y todo el mal”, en el que dice “muchos de los cineastas que la dirigieron se enamoraron de ella como actriz y como persona porque su magnetismo era algo único”.

La Muerte, esa implacable
Romy tuvo dos hijos, David y Sarah Magdalena,  que eran la luz de sus ojos. 
Por ellos podía dejar de actuar, su gran pasión. 
Por ellos tuvo batallas legales con sus ex esposos.
Y entonces en 1979 comenzarán sus tragedias, su ex marido Harry  Meyen fue encontrado ahorcado en su castillo de Hamburgo, pocos meses después,  muere su abuela paterna Rosa Rhetti de 106 años, la salud de Romy  se deteriora y debe ser operada por un cáncer incipiente de riñón. 
Llega entonces el golpe final, su hijo David, trepando las rejas de la casa de sus abuelos resbala y lo atraviesa como una lanza uno de los hierros, muriendo durante una desesperada operación quirúrgica para salvarle la vida.

El final
Cae en una profunda angustia depresiva que ahoga en alcohol y pastillas, 
Alain Delon aparece una vez más en su rescate y la lleva al campo para alejarla de los papparazzi  que la acosaban. 
Termina de filmar “La visitante del Cabaret” (1981).
Testimonios directos de la filmación dicen que Romy parecía sin vida en el set y sólo recobraba la luz de su mirada cuando la llevaban frente a la cámara y esta se encendía.
El 29 de mayo de 1982, al regresar de una cena junto a su compañero sentimental de entonces,  Laurent Petin,  Romy no quiso acostarse pese a que eran más de las 2 de la mañana.
Laurent se va a dormir mientras ella se sienta en su escritorio a escribir en su diario. 
A la mañana siguiente está en la misma posición, muerta, oficialmente de un paro cardíaco.
A los dos meses de su entierro en el cementerio de Boissy Sans Avoir en las afueras de Paris, su tumba es profanada y algunas personas ingresan en su casa para robar su diario personal.
Se especula entonces que allí había varios nombres de narcotraficantes vinculados a la muerte- aún sin resolver- del secretario de Delon, Stefan Markovic, ocurrido en 1968. 
Nunca se sabrá la verdad.
Cuando hace poco tiempo el actor que fue el amor de su vida manifestó públicamente que quería morir, solo tuvo un recuerdo amable para Romy Schneider quien le había dicho alguna vez  “la suerte no se puede almacenar”.
Lo tuvo todo y todo lo perdió, murió sola, triste y desesperada. 
Ahora es solo un recuerdo hermoso en gente mayor a la que su radiante presencia alguna vez iluminó en una sala de cine, nada más…ni nada menos.
Copyright © EM


Romy Schneider c.1977





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